El cuento de la justicia internacional

Harold Rey editada

Por: Harold Rey

Los enemigos de la paz negociada en Colombia, permanentemente está haciendo el siguiente augurio: si los jefes de la guerrilla no pagan cárcel por sus delitos de lesa humanidad la Corte Penal Internacional entrará a judicializarlos. Obviamente no refieren absolutamente nada respecto a los delitos del Estado, como las implicaciones de tener el paramilitarismo como política y las ejecuciones extrajudiciales o “falsos positivos”. Lo cual implica que realmente no creen, ni quieren, esa posibilidad, lo que desean claramente es hacerse de argumentos para sabotear el proceso de paz.

Y no es que no quieran la paz, lo que pasa es sueñan con la paz del vencedor. Insisten en la proximidad de la victoria, a pesar de que esta no se dio en la última y actual arremetida militar: 2 años de Pastrana, 8 años de Uribe, y los 5 años que lleva Santos. 15 años de guerra total, con todos los recursos, uno de los ejércitos proporcionalmente más grandes del mundo, con aviación y una de las mayores flotillas de helicópteros, con tecnología de punta, con bombas inteligentes e inteligencia satelital, con asesoría norteamericana y de otros países y con 19 empresas de mercenarios, entre otras cosillas. Aquello de que Santos ha descuidado la seguridad, no dejaría de ser una tontería sino fuera por las implicaciones perversas.

Uno de los redactores del Estatuto de Roma, profesor alemán Kai Ambos, manifestó respecto del caso colombiano: “Si uno tiene un referendo después del proceso y el pueblo en su mayoría acepta, la comunidad internacional debe aceptar. La última palabra la tiene la sociedad. La legitimidad del proceso viene por referendo. Para los colombianos mi consejo es: olvídense de todo lo internacional, la CPI, la Corte Interamericana, y resuelvan sus problemas internos, traten de llegar a la reconciliación” (El Mundo. Noviembre 2 de 1014). La pregunta es entonces por qué anhelan la paz del vencedor y rechazan tozudamente la paz negociada. Me atrevo a dar la respuesta: No conviene la verdad total, la que comprenda a todos los actores y causas, sólo conviene la del vencedor. El despojo y las atrocidades cometidas al amparo de la guerra, quedarían resguardadas por la victoria.

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