Aires de paz

Si de algo ha servido la extraña retención del general Rubén Darío Alzate Mora por parte de un reducto de las FARC, ha sido para mostrar que tan fuerte está el proceso de Paz y la voluntad de llevarlo hasta su final por parte de los intervinientes en las mesas de diálogo en La Habana, en representanción del mencionado grupo guerrillero y del gobierno colombiano.

El extraño incidente en el que se involucraron el general Alzate Mora, la abogada Urrego y el cabo primero Jorge Rodríguez, hizo que se cerniera sobre el proceso de paz un manto de dudas bastante preocupante, por decir lo menos.

Después de la gran piedra caída en el lago y de las ondas subsisiguientes, empezó a serenarse la superficie y las FARC anunciaron la liberación no sólo del general y de sus acompañantes, sino de otros dos uniformados que había caído en las redes de las FARC y que ayer fueron liberados y enviados a Bogotá sanos y salvos.

En medio de todo, el ELN ha hecho un ruído en la zona del Chocó donde está el general Alzate Mora con sus acompañantes en proceso de entrega. Por lo que se espera que la liberación se produzca en el fin de semana previo cumplimiento de los protocolos fijados apra tal fin.

La labor de los países garantes Cuba y Noruega, junto a la Cruz Roja Internacional, han cumplido un papel relevante en las labores de recepción de los liberados por la guerrilla.

En El Carmen de Bolívar y en La Virginia (Risaralda), hay alegría por la libertad de los soldados Pablo Cesar Rivera y Jhonatan Díaz, oriundos de dichas poblacioens y pertenecientes a familias humildes. A los dos cada población les prepara una recepción popular.

Las nubes grises de este proceso de rescate han sido disipadas por los aires de paz que reinan en Colombia y en La Habana y que se espera empiecen a soplar más fuerte luego de la entrega del general Alzate Mora y de sus compañeros, aclarándose totalmente el enrarecido panorama de la paz colombiana.

Nuestra nación se encuentra en un momento decisivo en que parodiando a Mahatama Gandhi: la paz es el camino y el destino y no hay uno mejor.

Un esfuerzo total a favor de la paz, conducirá a una victoria completa sobre la temible y destructora violencia y sobre la ignominiosa historia de un reguero de muertos fraternales a través de más de medio siglo de terror, dolor, guerra y muerte.

Como decía Gandhi, no podemos vivir con el miedo a la paz, porque para derrotar la violencia necesitamos vencer el miedo a los ideales de los demás. Estamos en el negocio de aprender a ser mejores seres humanos y de transformar una realidad brutal y sangrienta en un nuevo encuentro entre hermanos que le dieron mayor trascendencia a las divergencias que a la posibilidad de dialogar para resolver los desencuentros y poder convivir en armonía y justicia.

Lo que estamos buscando es el bien perdido. La paz que durante cerca de 60 años dejamos escapar pese a tener cada día la evidencia de la sangre, los heridos, los mutilados, los muertos , los aterrorizados, el luto, el dolor, el llanto, los secuestros y las destrucciones.

Estamos respirando aires de paz y la proximidad de empezar a cambiar nuestras vidas, actitudes y gestiones para que la paz como bien principal encuentre un agradable clima que facilite el desarrollo del posconflicto sin mayores divergencias.

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