Salarios de hambre

Raul Soto

Por: Raúl Soto Ariza

Es importante manifestar que los salarios de los ministerios y  de los institutos descentralizados, comparados con las Agencias del Estado, son casi escatológicos, parodiando a un dirigente político de larga trayectoria en el Senado de la Republica se parecen bastante a lo expresado por aquel líder conservador.

En efecto, mientras los empleados públicos de los ministerios e institutos descentralizados, esto es, los asistenciales, técnicos y profesionales, tienen sueldo promedio de tres salarios mínimos legales mensuales vigentes, los de las agencias: Agencia Nacional de Defensa Jurídica, Agencia Nacional de Hidrocarburos, Agencia Nacional de Licencias Ambientales, Agencia Nacional de Infraestructura, etc. reciben remuneraciones mensuales cuyo promedio oscila en cerca de 10 smlmv.

Esta lamentable diferencia, sólo es explicable en función del modelo neoliberal, pues la mayoría de las agencias son pro privatizadoras, léase en defensa de un interés particular,  mientras muchos de los ministerios e institutos actúan en defensa de lo público, de acuerdo a lo establecido en la Constitución.

Este debate, ejemplariza la cruda realidad salarial colombiana, que desafortunadamente nos muestra un panorama desalentador y caótico en relación con lo que debería ser la aplicación del principio constitucional de: “a igual trabajo igual salario”, dado que los perfiles y las competencias que se requieren para las agencias, son las mismas que prácticamente se exigen para los ministerios e institutos, en los  niveles que hemos aludido donde además curiosamente  las agencias fusionaron a los asistenciales y técnicos en uno solo.

El País entero que reclama cada día mayor transparencia en las actuaciones de sus servidores públicos, tiene derecho a conocer esta situación, el Señor Ministro del Trabajo debe entender que es su responsabilidad, corregir esta situación absolutamente aberrante e injusta,  las Centrales de Trabajadores deben poner en su agenda como prioridad este debate, a no ser que sus directivos ya estén pensionados y les importe casi nada la suerte de sus compañeros. En todo caso y mientras no se corrija esta situación, habrá que darle la razón al senador que acuño esta frase, desde luego refiriéndose a otras realidades de la vida nacional.

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