En Colombia estamos desconstruyendo la democracia

jaime gomez

Por: Jaime Gómez Aristizabal

Jaimego68@yahoo.com

En Colombia no solo estamos desconstruyendo la Democracia, envileciendo la justicia, y confundiendo la paz.

Hoy en su afán snobista de izquierda los interesados en destruir la Democracia y sustituirla por regímenes autoritarios como Cuba o Venezuela, con el trabajo traicionero de quienes atacan la verdadera libertad usando el lenguaje engañoso de la paz y la justicia social, incluyendo a las víctimas, solo en la defensa de convicciones y oportunismo profesional con un virtual desapego a la ley. El más alto gobierno con todo su aparato, jueces, fiscales y parafernalia de engaños se propone entregar al país a la subversión, no obstante el anacronismo y fracaso de los países comunistas, hoy convertidos en países de museo, que ya no pueden servir a nadie de modelo.

Venezuela es hoy el más claro ejemplo de fracaso,  pues pese a sus cuantiosas reservas de petróleo, hoy se debate en una crisis económica sin precedentes, lo que descarta la posibilidad que pueda servir de modelos comunista para el tercer mundo.

Es desapego de la ley que induce a burlar el orden existente se ve hoy estimulado por una justicia débil.

Muchas leyes parecen diseñadas para favorecer intereses particulares y no el interés común. Por ejemplo: cuando gobiernos como el actual abruman abusivamente con impuestos a los contribuyentes, éstos se ven obligados a evadirlos. El desprestigio del sistema judicial, corroe el estado de derecho y genera la desconfianza en un sistema de justicia sin piso.

El desprestigio de las Fuerzas Armadas, provocado por el mismo ejecutivo y promovido para minar la confiabilidad en las instituciones armadas orquestadas por el mismo Gobierno y sus aparatos de justicia, al tiempo que se defiende a la subversión. La falta de discrecionalidad, el ocultamiento de la verdad de los diálogos de paz en Cuba, enrarecen el proceso y le restan legitimidad moral.

Todo esto nos permite concluir que tenemos un sistema podrido y que la pobreza de las leyes no es otra cosa que la consecuencia lógica e inevitable de la corrupción y el tráfico que justifica su razón de ser. Todo éste panorama está desvirtuando la posibilidad de una paz segura y duradera como la merecemos los colombianos, sin los engaños y las mentiras de sus protagonistas de hoy.

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