CRONIQUILLAS MACONDIANAS. Breve etiologia de la violencia (III)

Carlos Hernandez

Por: Carlos Hernández Yepes

Realmente en 1810 no se rompe ninguna unidad preexistente, sencillamente porque ésta no existía, al haber una desintegración  territorial, poca cohesión política y fragmentación en múltiples poderes locales, con provincias disimiles en todos los aspectos, de manera que al conformarse las Juntas Soberanas de Gobierno en gran parte del territorio neogranadino, estas nuevas entidades políticas entraron en pugna entre sí, o con los poderes a los que sus pueblos habían estado subordinados, conflictos que serian un foco permanente de guerra durante este periodo, al no existir en esencia, un orden nacional, una idea de país, pues lo único que era fuerte y reconocible, era el poder local; por eso la autonomía no actuaba frente a una España lejana, sino frente a la capital de la provincia, peleándose por hacer valer los fueros del terruño, de la madre provincia y la soberanía de cada parroquia.

Así los protagonistas de aquellos días, estaban divididos en clanes y familias rivales, enfrentados en disputas por puestos y dignidades y sobre todo la mayor división fue motivada por las ideas que unos tenían a favor de un régimen centralista y otros a favor de un régimen federal, situación que condujo al enfrentamiento armado entre las distintas ciudades y provincias, hechos que desembocaron y originaron las primeras guerras civiles fratricidas de nuestra historia, con un costo enorme en los aspectos económicos, sociales, culturales, en vidas, bienes y producción, dejando sin resolver el problema esencial de cómo iba a constituirse el gobierno supremo del nuevo país y las defensas de la soberanía e independencia nacionales, pues esas luchas intestinas entre las facciones criollas no permitieron que llegase la anhelada paz social.

Por el contrario, la división interna facilito una cruenta envestida de la corona española hasta implantar el régimen del terror que reconquisto parte importante del virreinato entre 1816 y 1819, ejecutando a importantes personalidades, lideres y jefes granadinos, descabezando la insurgencia popular en amplias zonas de las Provincias Unidas de la Nueva Granada a sangre y fuego.

Se ha dicho y afirmado que las grandes crisis engendran en su interior su propias grandes soluciones y es así como en este maremágnum criollo aparece el genio militar, guerrero y político del Libertador en la Región Caribe Colombiana quien después de las triunfantes campañas del Bajo Magdalena y Admirable y de su forzado exilio en Jamaica y Haití, organiza y retoma,  con un extraordinario y aguerrido grupo de valientes patriotas y héroes, el camino de la independencia nacional hasta lograr con las batallas del Pantano de Vargas y Boyacá especialmente, la expulsión definitiva de los españoles, alcanzando el objetivo inmediato del anhelo criollo: el autogobierno americano, principio del grande e integracionista pensamiento bolivariano: La Gran Colombia.

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