Mitos y realidades acerca de la homosexualidad

Por: Laidy Hidalgo León

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Los mitos y  estereotipos que han permanecido en nuestra cultura respecto a los sectores LGBTI han creado barreras indestructibles que a pesar de sus esfuerzos siguen siendo reproducidas generación tras generación. Estos mitos han sido analizados por profesionales del campo de la psicología, la biología y campos asociados a la problemática con el fin de desvirtuar los prejuicios que  aún en el siglo XXI siguen conduciendo situaciones de discriminación, al desprecio y al maltrato.

Las clasificaciones y categorizaciones de tipo social, generan exageración de las diferencias que existen entre grupos, esto no solo lleva a la exclusión sino también a la homogenización de quienes pertenecen a un grupo. En consecuencia, el estereotipo social es que la homosexualidad implica ser afeminado, dejando por fuera a personas que si bien, tienen inclinaciones homosexuales pero no son afeminados.

Aunque la homosexualidad fue catalogada como pecado, sinónimo de criminalidad y castigada con cárcel en tiempos pasados, algunos los tabúes que desataron esa cadena de violencia y discriminación aún siguen en pie.  Estas ideas son más el resultado de una estigmatización anclada a la cultura que a condiciones generadas en la vida real de las personas que pertenecen al sector.

No es verdad que la homosexualidad siempre ha sido aceptada en la historia del mundo, que los antiguos griegos al igual que los grandes filósofos la practicaban libremente, que la oposición al homosexualismo es una idea nueva inventada por los derechistas religiosos o que las grandes obras de la civilización occidental se deben a genios homosexuales, por lo menos no hay estudios que argumentes estas premisas.

Lo que si es cierto,  es que la homosexualidad no es solo un tema político y moral, sino que tiene que ver con seres humanos que más que tolerancia merecen respeto. Lo que por años se consideró una enfermedad, gracias al Decreto expedido el 17 de mayo de 1990 por la Organización Mundial de la Salud (OMS) se declaró como una condición alejada a las enfermedades mentales emergentes. Por  tanto, se reconoció a las personas LGBTI como un sector social con orientaciones sexuales  e identidades de género diversas, a diferencia de la estigmatización de la que fueron víctimas durante décadas.

Según Daniel Verástegui., coordinador de la estrategia psicosocial de la Subdirección para Asuntos LGBT de la Secretaría Distrital de Integración Social, muchos de los casos que usualmente recibe en su consultorio se asocian a afectaciones psicológicas como resultado de una sociedad donde los modelos son construidos a partir de las personas heterosexuales, lo que se ve en los medios, las novelas, la connotación de familia, que no son familias diversas sino familias constituidas por un hombre, una mujer y unos hijos,  por supuesto eso choca con sus construcciones de deseo.  Hay una homofobia social muy grande que genera momentos difíciles y desafíos grandes en la vida de los LGBT.

MITO 1. El homosexualismo es un problema mental

Lo que dicen los distintos entes colegiados en psicología, psiquiatría y otros psicoterapeutas es que la orientación sexual diversa no es una conducta patológica, un trastorno mental o un problema emocional, sino un pensamiento que hace parte del afecto normal de todo ser humano.

Históricamente se realizaron estudios a personas que se encontraban bajo tratamiento psicológico y/o psiquiátrico lo que sesgaba las conclusiones sobre la homosexualidad como una enfermedad mental. Por lo anterior, en el año 1973 la homosexualidad fue excluida de la clasificación de enfermedades de la Asociación de Psiquiatría Americana.

Actualmente, a partir del DSM Revisado, Manual Estadístico de Diagnósticos Mentales, en su Tercera edición: “lo importante es que esa personas se sienta bien, que la enfermedad esta es en la parte social, en la connotación social y en lo que la gente dice acerca de ello”, menciona el psicólogo Verástegui.

MITO 2: Todos los homosexuales son afeminados o las mujeres “marimachas”

Un hombre afeminado presenta actitudes y comportamientos que social y culturalmente son vistos como propios de las mujeres. Sin embargo en algunas ocasiones esto no implica y no tiene relación con la orientación sexual del individuo.

Según Verástegui, esto se da a razón de que no identificamos bien la orientación sexual de la identidad de género. La relación de orientación tiene que ver con quien te sientes atraído o atraída; la identidad de género tiene que ver con el sentir sea de hombre o de mujer, está más enmarcado en lo femenino o masculino. Por tanto, no todos los gays presentan actitudes femeninas, ni todas las lesbianas presentan gustos, actitudes y características masculinas.

MITO 3: Toda la población LGBT es promiscua y libertina

Para la Organización Mundial de la Salud  una persona promiscua es aquel que tiene más de dos parejas sexuales en el año. Según el investigador Alfred Kinsey “una persona promiscua es aquella que tiene relaciones sexuales más frecuentemente que uno mismo.”

En muchas ocasiones en las personas LGBT se dan cambios, frecuentes, de pareja debido a que viven en una subcultura sexual. Al igual que los heterosexuales los homosexuales pueden ser personas promiscuas, monógamas, solteras y  conforman familias estables con acuerdos de reconocimiento de fidelidad y lealtad a nivel de pareja.

MITO 4: Las parejas homosexuales no pueden ser buenos padres

Los estudios realizados hasta el momento que comparan hijos de padres homosexuales e hijos de padres heterosexuales, en términos de desarrollo no han encontrado ninguna diferencia. En aspectos como: inteligencia, adaptación psicológica, adaptación social y popularidad.

La orientación sexual de los padres no determina la de sus hijos, y lo vemos en cientos de parejas heterosexuales cuyos hijos son homosexuales. Existen varias familias conformadas por parejas homoparentales que crían muy bien a sus hijas e hijas.

MITO 5: El SIDA es una enfermedad exclusiva de la población LGBT

Históricamente, las personas homosexuales han sido culpadas de la aparición y expansión del SIDA; incluso algunas religiones como la cristiana y musulmana argumentan que dicha enfermedad es un castigo por ir en contra de la naturaleza e incurrir en el pecado.

Es verdad que en un principio muchos homosexuales padecían la enfermedad; sin embargo, en África la difusión y expansión del SIDA se dio  principalmente por vía heterosexual.

Estos prejuicios son un consecuente social que se funda en la falta de información en la escuela o en programas educativos, porque la sexualidad solo se explica  desde lo heterosexual y no desde las distintas variables que emergen, manifiesta Verástegui.

MITO 6: Muchos hombres se convierten en travestis porque sus padres los vistieron como niñas en la infancia.

El Dr. Richard Green, MD de U.C.L.A. concluyó un estudio en el cual el siguió un grupo de jóvenes afeminados desde su temprana niñez hasta sus 20 años. Cuando niños, muchos de ellos fueron vestidos como mujeres. Sin embargo, ninguno de ellos se desarrolló como transgénero de adulto, mientras que pocos se desarrollaron como transexuales y la mayoría como homosexuales.

Respecto a las personas transgénero surgen varios mitos. “Las personas no entienden porque una chica transgénero gusta de mujeres. Existen casos de chicas transgénero que nacen hombres, su identidad de género es mujer y su orientación sexual está dirigida a mujeres, por tanto continua su relación de pareja con mujeres. En este caso, se hace acompañamiento sobre todo a las parejas, porque es difícil comprender que  hombre al que amaban les dice que no es un hombre sino una mujer y eso la convierte en lesbiana”” añade Verástegui.

Destacados:

La desaparición de los tabúes hará que las personas puedan hacer más pública, libre y abierta su  orientación sexual. Estos mitos tienen connotaciones negativas por ser representaciones sociales construidas históricamente y difíciles de romper,  frente a  un pasado que los juzgaba como pecadores y criminales.

El ser humano en la infancia y  adolescencia  va construyendo el deseo acerca de con quien compartir la vida. Pero puede ser que en nuestra adultez mayor por alguna situación social, guste de alguien del mismo sexo y eso no lo hace  homosexual, en ese momento cambia el deseo y la sexualidad, más no la identidad. La sexualidad está en permanente de acuerdo a las situaciones que se presentan en las etapas de la vida.

Daniel Verástegui

Psicólogo

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